Las Otras Amigas por Wendy Madera Maldonado

Wendy Madera Maldonado / migranteporamor.blogspot.nl

Cuando emigré deje atrás no solo familia, sino también ese importantísimo círculo de amistades con las que con un buen número crecí, otras con las que estudié y algunos con los que trabajé.

Llegué a mi nuevo mundo y me di cuenta del enorme tesoro que no había viajado conmigo.

Mas la vida que es un torbellino de altas y bajadas me tenía deparada muchas sorpresas.

Hace unos días sentada en un restaurante acompañada de un vistoso grupo de damas. Me preguntaba a mi misma ¿Caray, pero que tenemos en común nosotras?

Déjenme le describo un poco el grupo para se den una idea del mismo:

Unas jovencitas, otras mas maduritas, algunas ya eran madres y otras todavía no. Unas del Norte, otras del Sur y para mayor diversidad, alguna del otro lado del charco.  Unas con muchos años viviendo en el extranjero y otras casi recién llegadas. Ni siquiera compartíamos la razón por la que migramos: unas por amor y otras por trabajo. Algunas estaban solas y otras tenían pareja.

Ósea no crecimos juntas, no estudiamos juntas, no trabajamos juntas, es mas para ser sinceras muchas nos estábamos viendo las caras por primera vez. Mas no se pueden imaginar lo bien que la pasamos. Cuanto disfrutamos!

Se preguntaran como de un grupo tan heterogéneo puede esperarse tal resultado.  Les cuento que teníamos algo muy importante  que nos unía: el idioma. Muchas de las que estábamos allí sentadas tal vez podríamos hablar varios idiomas. Mas solo en el lenguaje materno se pueden expresar las emociones y sensaciones sinceras que nacen de nuestro corazón. Esta fue una de las llaves que nos abrió las puertas para una vibrante tertulia.

Nuestro segundo común denominador era que todas teníamos unas ansias locas de volver a revivir el calor, el entusiasmo, la alegría y la algarabía que solo un grupo de hispanohablantes puede suscitar en nosotras.

Hicimos de aquella tarde un mundo de risas, fotos y diversión sana, que cualquiera que nos hubiese visto apostaría  que mínimo éramos amigas de siempre. Tanto gocé y tanto me reí que llegue a mi casa sin voz y sin energías.

Más en el silencio de mi almohada y con mis ojos ya cerrados volví a repasar cada una de las caritas que conmigo estuvieron esa tarde  y un enorme sentimiento de paz invadió mi corazón.

Si, ha llegado un nuevo tesoro a mi vida: Mis Otras Amigas!

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