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Muros por Laura Zita

Hoy me quedé un buen rato mirando el papel en blanco con varias ideas dando vuelta en la cabeza. Desde ayer me ha costado trabajo decidir sobre qué quiero escribir.

Ayer en la noche, empecé a ver la película The Words. Es la historia de un escritor que relata cómo un escritor pasa varios años buscando que publiquen su obra, pero recibe solo múltiples rechazos, hasta que encuentra por casualidad un manuscrito de un desconocido y lo presenta como propio. Este cuento es todo un éxito y lo lleva del anonimato y la frustración a la fama y la fortuna.

Me fui a dormir pensando en cómo la vida te va presentando oportunidades y también te reta a demostrar cuáles son tus verdaderos valores.

¿Tomarías un texto de otro y lo presentarías como tuyo?

Me imagino que mucha gente dirá que no, pero cuando estaban en la escuela no dudaban en copiar al de junto en un examen o reproducían descaradamente el trabajo de otro compañero para entregarlo como tarea solo cambiando un poco la letra y algunos detalles sin importancia siempre esperando que el maestro no se diera cuenta.

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Hasta donde esto no es “tan malo”. Cuando hablamos de derecho de autor, todo el mundo salta de pestañas. Hace algunas semanas, encontré en la red un artículo totalmente informativo y no muy bien escrito sobre la Flor de Nochebuena. Podría haber sido perfectamente un texto de la wikipedia. Sin embargo, dentro de mi revista tengo la costumbre de mezclar tanto literatura profunda, cuentos, historias, datos históricos, entre otros, con textos informativos que sirven como soporte para una buena selección de imágenes.

Finalmente, elegí el artículo de una página de facebook. Lo copié tal cual, le agregué hermosas imágenes y lo publiqué. El articulo no tenía autor, pero aun así agregué el link de la página donde lo tomé. Felizmente agregué el link a la página fuente para mostrarles que su artículo había sido compartido. Normalmente, los escritores que publicamos en la red de manera abierta, nos produce mucho orgullo y felicidad que nos compartan con el mundo. Esta es una manera de llegar a más gente y darse a conocer. Pero no siempre es el caso. La autora del texto se enojo y ofendió muchísimo. Alegando que yo la había plagiado y que no me había tomado la molestia de cambiar ni una coma.

Evidentemente, traté de hablar con ella y decirle cuál había sido mi intención y cómo mi revista se arma de la colaboración de mucha gente que quiere compartir y también dar a conocer su obra, ya sea escrita, musical, pictórica, etc.

No hubo manera de hablar con ella porque estaba muy enojada y la decisión obvia fue eliminar el artículo.

¿Lo que subimos a la red de quién es?

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Cuando nosotros subimos fotos, cuentos, pensamientos y demás cosas personales a la red, debemos de estar conscientes que esto va a ser visto por mucha gente y también será reultilizado por otros. A veces no entiendo por qué se ofenden tanto porque alguien vea sus fotos, comente en facebook sobre sus posts ni tampoco que hagan un drama telenovelero si alguien comparte lo que escribió en un lugar público.

Los espacios de facebook para compartir se les llama muros porque eso son. Es un lugar público donde tú decides que muestras a los demás. Hay muchas maneras de hacerlo cada vez más íntimo y privado, pero hay que recordar que no es la intención de este espacio. Facebook diario encuentra maneras de mostrar el contenido de los muros. De esta manera, atrae nuevos usuarios y logra también la interacción entre los viejos usuarios.

Si quieres un lugar privado donde nadie lea tus cosas, ni vea tus fotos: guardarlas en tu casa, no las subas a internet y esperes que nadie las vea o las encuentre. Tú eres el único dueño de tu intimidad y tú decides que mostrar a los demás.

Recuerda que facebook es un negocio que busca anunciantes para ganar dinero y seguir siendo rentable. Decide tú que quieres mostrar y a quién, pero no subas de todo y luego te enojes porque alguien más lo use. Solo tú decides la información que quieres que los demás vean.

Publicado en Cocina internacional, Gastronomía

¡Muffins con sabor a pizza!

Por Sergio Señor Galán / Recetas del Señor Señor

Hoy os traigo otros muffins de la muffineria, unos muffins salados con sabor a pizza!! Son unos muffins muy rápidos de hacer y que llevan queso Provolone, tomate y orégano; tienen un aroma a pizza impresionante.

Desde que hice el curso de muffins con mi chica no paro de pensar más recetas de muffins porque nos comento el chico que los muffins tienen una base “maestra” y que se les puede agregar cualquier líquido o solido que queramos. Yo encontré un su web muffins de queso provolone y tomate, tienen un sabor a pizza que te mueres! Animaros a hacerlos porque son sencillisimos y no hace falta saber cocinar nada para hacer unos buenos muffins en casa, solo hace falta unos moldes jejeje. Espero que os guste la receta

Ingredientes para 6 muffins

140 gramos de harina

10 gramos de levadura royal

75 gramos de queso provolone

75 gramos de tomate

1 huevo

3 cucharadas de aceite de girasol

125 ml de yogur natural sin azúcar

Una pizca de sal (lo que cabe en 3 dedos)

Una pizca de bicarbonato

Orégano al gusto, yo he puesto una cucharada sopera y para mi es la medida perfecta.

Elaboración

1.- Comenzamos como en todos los muffins, mezclando los ingredientes líquidos por un lado. En un vaso mezclamos el huevo, el yogur y el aceite. Damos unas vueltas y reservamos.

2.- Cortamos en daditos pequeños el provolone. Pelamos el tomate y hacemos lo mismo con él.

3.- Ahora toca la parte de mezclar los sólidos. Ponemos en un bol la harina, la levadura, el bicarbonato, la sal, mezclamos y luego agregamos los dados de tomate y de queso. Esto ayudará a que no se nos bajen los trozos a la base del muffin.

4.- Una vez que tenemos las dos mezclas, agregamos los líquidos a los sólidos.

5.- Mezclamos con la ayuda de una cuchara hasta que se integre toda la harina, más o menos como 1 minuto. No mezcléis mucho como si fuera otro tipo de masa, simplemente no se debe de ver nada de harina.

6.- Rellenamos los moldes de los muffins hasta arriba (yo siempre he rellenado 3/4 partes pero desde que fui al curso de muffins y me dijeron hasta arriba quedan mucho más bonitos). Horneamos a 200º con el ventilador o con el horno arriba y abajo durante 20 minutos. Dejamos enfriar en una rejilla y a comer!

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Publicado en Cultura y arte, Literatura

Instrucciones para volverse loca por Kirahl Nayyar

Instrucciones para volverse loca

por Kirahl Nayyar

Todos hemos observado, en alguna ocasión, a personas que hablan solas, que caminan sin rumbo, inmersas en algo que llaman “locura”, palabra que ni siquiera cuenta con una deficinición exacta. Ensimismadas y ausentes, en apariencia lucen tristes o extremadamente felices. Algunas, iracundas y otras, dentro de una profunda paz. Haciendo movimientos lentos o rápidos, casi siempre carentes de coordinación. A veces bailando, con ritmos provenientes de sonidos que existen en su cabeza, o dialogando con voces que habitan sólo en ese mismo lugar, su mente.

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Pero de esta misma forma, sólo que en menor frecuencia e intensidad, los seres humanos sensatos, es decir, que no padecen “locura”, suelen sostener diálogos con su mente, interrogando, afirmando, juzgando, negando. Y permanecen ausentes del presente, aunque parezca lo contrario.

No sólo parecen tistes, sino que pueden llegar a atentar contra su vida cuando esa ausencia del ahora los lleva a una fuerte sensación de desasosiego, a lo cual algunos llaman “depresión”.

Se mueven llenos de nerviosismo, y muchas veces emiten sonidos extraños al dormir, o hablan a gritos.

A  veces se agreden entre ellos, física, emocional o verbalmente. Pero como ya dijimos, esto es estar “sano”, cuerdo, sin locura.

¿Qué es volverse loco entonces?, ¿qué tan fácil es volverse loco?, basándonos en lo que, para la medicina y sociedad significa ese estado mental.

Bien, para empezar, debemos aprender a percibir todo lo que está más allá del plano físico, en la medida que nos sea posible, es decir, más allá de lo visible, de lo palpable; más allá de los sentidos. Recordemos que los sentidos mienten, y que lo que para una mano tiene límite y forma, en realidad, en el nivel cuántico no existe. Sólo átomos, flotando, en algo inmenso.

Una vez conscientes de ello, escuchemos los sonidos más difíciles de oír, por ejemplo, el ruido de los zapatos de una persona que golpea el piso al caminar a varios metros, o mejor aún, el sonido que se emite al exharlar el aliento. Continuando así hasta llegar a se capaces de escuchar claramente, a las voces que habitan a nuestro alrededor, no sólo la voz de nuestra mente, sino la voz de seres de otras dimensiones, que nos observan. Escuchemos su voz. Siempre tienen algo que decirnos. Ellos siempre nos escuchan, siempre nos miran. Para desarrollar esta capacidad, la de observar más allá de lo que nuestra mirada limitada puede apreciar, cerremos los ojos unos minutos, con quince o veinte bastará, repitiendo este ejercicio dos o tres veces al día. Imaginemos un mundo donde nada es imposible, con un paisaje elegido por nosotros, donde todo color, aroma, sabor, sea al gusto propio. Constuyendo nuestro mundo, perfeccionándolo a diario.

Al llevar a cabo estos ejercicios a diario, en unas cuantas semanas, dependiendo de nuestra constancia, podemos tener listo nuestro “mundo”.

No olvidemos que es importante también, desinhibirnos por completo, evadiendo toda esclavitud, física y mental, liberándonos de estigmas, prejuicios, tabús, reglas. Olvidando nuestra raza, clase social y toda etiqueta.

La soledad es básica para el proceso, ya que la interacción con las demás personas de este mundo “sensato” puede interrumpir y deshacer nuestro viaje hacia nosotros mismos, o bien, distraernos para hacer que volvamos a lo que ellos llaman “realidad” o “cordura”, bastante plana y aburrida, por cierto.

Debemos ser firmes, ya que ellos insistirán para que retrocedamos lo avanzado.

Por último, practiquemos el charlar con todo lo que nos rodea exterior e interiormente, es decir, una silla, un papel, un árbol, un perro, una piedra, la felicidad, la tristeza, la soledad, el amor, el desamor. Con todo, excepto con los “sensatos”.

¿Quién dijo que sólo con voz o letras se puede dialogar?. ¿Qué hay de la mirada? ¿de los pies y rodillas? ¿acaso no se puede hablar con los hombros?.

Siempre aprenderemos algo sabio de esas voces silenciosas.

Haciendo todo esto, como se indica, dejaremos de pertenecer al insípido mundo de la “realidad”. Seremos capaces de percibir más allá de los sentidos y de controlar quizá, algún día, ese monstruo que requiere ser amaestrado urgentemente, que es nuestra mente. Entonces seremos uno con el todo, tal vez.

Aprenderemos a conocernos, en nuestro mundo.

  Zahra.

( “Mundo con derecho de admisión”. Cap. I )

Publicado en Cultura y arte, Laura Zita, Letra fría

Así es esto del abarrote por Laura Zita

Patrioterías

Así es esto del abarrote

por Laura Zita

Hace casi un año, comencé con mi revista digital “La Miscelánea” en un intento por no sentirme tan lejos de México cuando vivía en “Siempre nublado”.

Antes de ir a vivir a Francia, me sentía una persona muy independiente. No veía tanto a mi familia, tenía algunos grandes amigos, casi no recordaba ni los agravios del pasado ni me sentía atada a nada. Solo necesitaba a mi hija a un lado y todo mi mundo estaba completo.

Nunca pensé realmente que ir a vivir a otro país fuera un reto tan grande. Seguía pensando que aquí y en China podría seguir siendo la misma persona, que solo era un asunto de ajustarse a nuevas costumbres y que la adaptación no sería tan dura. Me equivoqué…

Entonces busqué en internet otros mexicanos que también estuvieran viviendo esta experiencia extrema. Fue verdaderamente divertido leer sus historias, darme cuenta de que yo no era la única que sentía tanta nostalgia por todo. Es increíble como puedes extrañar hasta la tiendita de la esquina, la música del camión del gas y los olores del mercado, entre millones de cosas más.

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Ahí es cuando nació “La Miscelánea”.

La revista nació de todos los recuerdos, olores, colores y nostalgias que se sienten cuando estás lejos de tu tierra. Ahí es cuando recuerdas los bailables típicos de la primaria, los pajaros que te despiertan en la mañana y se mezclan con los gritos del vendedor de gas, el de tamales y en las noches con el pitido del carrito de camotes.

Siempre me han gustado las tienditas llenas de cosas. Las misceláneas que tienen de todo un poco. Cuando era niña, me encantaba ir a la tienda caminando sola. Era mi momento máximo de independencia. La tienda solo estaba a unos metros de mi casa, pero mi mamá ¡me dejaba ir sola!

imagesEra una clásica tiendita desordenada al ojo humano, pero en cuanto le pedías algo al dependiente lo sacaba en dos segundos como por arte de magia. En estas tienditas mágicas podías comprar de todo: desde comida, fruta fresca, refrescos, cigarros, trapos de cocina, detergentes, dulces, etc.

La tiendita de mi casa era verdaderamente especial, era una verdadero festín para los sentidos. Podías encontrar de todo, hasta lo que no pensabas que podías necesitar. La atendía la señora y el señor Gallego que tenía muchísimos hijos e hijas que se rolaban para ayudar a su mamá. Algunos por las mañanas y otros por las tardes. Se decía que los Gallego, una familia mitad española- mitad mexicana, habían ganado la lotería dos veces y con ese dinero habían comprado la tienda, toda la mercancía y enviado a sus hijos a la universidad. Era una familia muy alegre y muy guapa.

Así nació, “La Miscelánea”, un pequeño espacio de recuerdos, nostalgia que se volvió mi lugar especial donde podía esconderme en esos largos días fríos y nublados en los que sentía como la tristeza se volvía mi única compañía. Para mi, vivir en “Siempre nublado” no fue una experiencia exitosa, al contrario, sacó muchos de mis temores infantiles y me bloqueó. El impacto de la desilusión fue demasiado duro. Esperaba mucho y no supe como manejar la decepción y ajustarme a las nuevas condiciones.

Viajar, conocer, descubrir nuevos parajes es maravilloso. Vivir en otro país definitivamente te forja como adulto y hace que te conozcas más y descubras aspectos de tu personalidad que ni te imaginabas. También te tumba por días en la cama y hace que le llores por teléfono a tu mamá y extrañes hasta lo que más detestabas. La distancia también ayuda a sanar los malos recuerdos y a reconstruir nuevas memorias con un toque romántico. Todo parece divino cuando estamos lejos. Y nos llenamos la boca al platicar de nuestro gran país: México.

j'aime la franceSin embargo, hoy otra vez en la distancia puedo valorar que Francia es un país genial que tiene muchas cosas buenas, entre ellas mis hermosos suegros y mi cuñada que me acompañaron en este viaje y siguen estando ahí. Lejos en kilómetros, pero cerca en el corazón.