¿Quién Soy? por Wendy Madera Maldonado

A veces me pregunto quien realmente soy, ¿soy lo que parezco? O ¿soy lo que siento? O mejor aún ¿soy lo que pienso? Así de complejos somos los seres humanos. Pensamos y sentimos muchas veces lo opuesto. Y para el colmo de males terminamos haciendo algo que nada tiene que ver ni con lo que sentimos ni con lo que pensamos.

Entonces al final de cuentas ¿quién soy? Soy mis emociones que a veces me dominan, llevándome a un torbellino de sensaciones. O soy mi raciocinio que a veces me limita o que del letargo me despierta. O soy mis actos que a veces se desencadenan y de mi voluntad y designio se alejan.

Y para complicar aún más este escrito me pregunto, ¿soy también lo que deseo ser? ¿Todos esos sueños, todas esas metas, todos esos objetivos inalcanzables forman también parte de mi ser? O solo son prejuicios e ideas generadas por mi ambiente o sociedad que solo están allí para llenarme de frustraciones y decepciones o bien para estimularme y orientarme en el camino a seguir. Pero de qué ruta hablo, de la que quiero seguir, o del que me impone el sistema. Y si mi ambiente puede imponerme voluntades, por regla de tres, entonces no soy mas que un producto de la sociedad en la que vivo.

¿Quién soy? Soy lo que mis emociones sienten, lo que mis pensamientos deciden, lo que mis actos provocan, lo que mis frustraciones afloran, lo que mis éxitos alcanzan, lo que aparento ser y no soy, lo que deseo ser y no puedo, lo que la sociedad intenta que sea y me rebelo.

O simplemente soy una mezcla de todo en mayor o menor proporción según el antojo del propósito divino o de mi propia naturaleza caída. Porque claro también soy quien no quiero ser, quien no me dejan ser y quien no puedo ser.

¿Entonces quienes somos? ¿Quién eres tú?

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7 secretos de niños muy felices

Fragmento extraido del artículo de Katie Hurley / El Huffington Post

7 secretos de niños muy felices:

1. Comen a su hora.

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Sé lo que estás pensando; esto es demasiado simple para ser una estrategia real de crianza. Piénsalo otra vez. ¿Has tenido alguna vez tanta hambre que tenías ganas de gritar? Así es como se sienten los niños cuando no les das la merienda o cuando tienen que esperar dos horas para participar a una cena familiar de lujo.

Comer a intervalos regulares reabastece sus cerebros y sus cuerpos en crecimiento y mantiene el hambre bajo control. Cuando los niños están tranquilos y satisfechos, experimentan una mayor felicidad.

2. Tienen buenos hábitos de sueño.

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Lo sé, lo sé, algunos niños duermen mejor que otros. Aunque sin duda eso es verdad, no es excusa para los malos hábitos de sueño. Los niños tienen que aprender a dormir. Enseñarles depende de nosotros. Cuando están completamente agotados, se ponen de mal humor. Cuando están bien descansados ​​y listos para empezar el día con energía, son más felices. Haz del sueño (y de una hora fija para acostarse) una prioridad.

3. Juegan sin instrucciones.

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El juego no estructurado parece ser un arte extinguido estos días. Antes los niños se encargaban de su propia diversión. Hoy en día los niños están sobreprogramados, marcados y reverencian los juguetes que juegan por ellos. Claro, todos esos camiones de basura con sus campanas y silbatos son bonitos, pero asegúrate de mezclarlos con camiones de madera y bloques de construcción. Y, por favor, revisa la apretada agenda y busca algo de tiempo todos los días para que los niños se dediquen solo a jugar. El juego es bueno para el alma.

4. Se les permite expresar sus emociones.

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Los niños gritan cuando están enfadados. Lloran cuando están tristes. Puede ser que incluso zapateen y corran en círculos cuando no están seguros de qué sentir. Y a veces, si tienes suerte, lo hacen todo a la vez en medio del pasillo 9 del supermercado de tu barrio. Déjales. Los niños necesitan expresar sus emociones. Mientras que los adultos saben llamar a un amigo para desahogarse cuando las cosas se ponen difíciles, los niños son un poco más primitivos. Hacerles callar y avergonzarles públicamente no ayuda. Déjales que se desahoguen a su manera y luego ofréceles ayuda. Soportar un berrinche público puede resultarte abrumador en ese momento, pero es mejor que una vida de interiorizar las emociones negativas, que podrían conducir a problemas alimentarios, de depresión u otros problemas emocionales de tu hijo.

5. Pueden tomar decisiones.

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Los niños tienen muy poco control sobre sus vidas. Constantemente se les dice a donde ir, qué hacer y qué comer. Un poco de control les da alas para sentirse feliz. Deja que tus niños elijan su ropa. Permíteles escoger el menú de la cena una noche por semana. Pregúntales a qué clases se quieren apuntar. Dales la oportunidad de tomar algunas decisiones y a cambio les verás sonreír.

6. Se sienten escuchados.

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Los niños son intuitivos. Incluso los niños más pequeños se dan cuenta de cuando sus padres se desconcentran y les responden con el piloto automático. Cuando los niños sienten que sus padres realmente les escuchan (desde la mejor carrera de Rayo McQueen hasta lo que han aprendido en la escuela), se sienten más conectados. Esto aumenta su confianza en sí mismos y su felicidad en general. Escucha a tus niños cuando hablan. Es la mejor manera de construir una relación abierta y honesta con tu hijo y le hace feliz.

¿Sigues conmigo? Porque este último es importante.

7. Sienten un amor incondicional.

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Los niños se equivocan. Les dices que no se salta en el sofá una y otra vez, pero lo hacen igualmente. Y luego lloran. La infancia se basa en gran medida en el ensayo y error, y algunas veces los niños tienen que arriesgarse. Perdónales. Quiéreles de todos modos.

Cuando los niños saben que sus padres les quieren y les apoyan sin importar nada, son más propensos a tomar riesgos saludables. Son confiados y están seguros de sus decisiones. Aprenden que las personas a veces cometen errores, pero que siempre hay una oportunidad de corregirlo.

Cuando los niños saben que sus padres siempre estarán ahí para ellos, para bien o para mal, son felices.