Patrioterías. El poder de decidir: infórmate y vota

“Patrioterías”



El poder de decidir: Infórmate y vota

Columnista: Laura Zita

Hasta hace unos meses, me conservaba totalmente apolítica y no me interesaban ni las discusiones de café ni despedazar el sistema. Creía que era mejor no opinar si no estaba bien informada y me parecía un poco ridículo apasionarme con temas que no sentía que eran parte real de mi vida. Sin embargo, la distancia hace que las cosas se vean muy diferentes.

Desde hace casi año y medio estoy viviendo en Francia, en una ciudad pequeña, en el noroeste, en la región de Bretaña. La vida por acá es muy tranquila y me ha dado tiempo de empezar con nuevos proyectos, una nueva familia y un nuevo estilo de vida. También he tenido tiempo de enamorarme de mi país, la nostalgia hace que los temas cotidianos, que en casa nunca veía, acá se vuelvan mucho más interesantes.

He contemplado desde lejos como mi país se encuentra en un momento de cambio: las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina y todo mi país se agita entre dimes y diretes. Entre candidatos que prometen, se destrozan unos a otros y bombardean a la población con todo tipo de información para ganar su simpatía.

Estando tan lejos también he tenido tiempo de reencontrarme con mi cultura, mis raíces y disfrutar de las tradiciones que de niña me enseñaron. Extraño la comida, los olores, los sabores, el ruido y muchas cosas más que antes me tenía sin cuidado, pero lo que más me ha sorprendido es como en estas elecciones, los jóvenes parecen estar tomando un papel más serio.

Los movimientos estudiantiles, como: yo soy 132 han despertado a un sector de la población mexicana que antes solo estaba preocupada por el hoy. Los universitarios están tomando un rol mucho más importante y se mueven entre las redes sociales para pedir que nuestro México tenga la transparencia que se requiere en cuánto a información para poder tener las armas requeridas para elegir al nuevo presidente.

Hoy que es el día de la libertad de expresión, las redes sociales se mueven para pedir que exista una verdadera libertad. Sin embargo, la mayoría de los mensajes son negativos. Me pregunto si de verdad ¿tanta información y tanta desilusión podrán hacer un cambio verdadero en mi país?

Aun cuando soy una de tantas mexicanas que habita en el extranjero, mi país me preocupa. No me fui porque pensara que la vida en otro país iba a ser mejor, me fui con el deseo egoísta de tener una nueva familia y siguiendo el amor. De cualquier manera, mi corazón sigue en México y me duele como a muchos que haya tanta inseguridad, tantas promesas rotas y también que los candidatos no ofrezcan una luz de esperanza.

Me siento muy orgullosa de ver que México está despertando y también de que haya tanta polémica con respeto a los candidatos presidenciales. Si algo sufre mi país es de apatía, pero estos últimos días con las opiniones encontradas, los mensajes retransmitidos de persona a persona a través de las redes, me hace pensar que México de verdad está exigiendo una reforma.

En otros procesos electorales, la gente no se interesaba por los debates y el abstencionismo llenaba las casillas. Este año, los jóvenes están queriendo ser escuchados y queriendo saber más de lo que sucede. Lo que me sigue preocupando es que nos seguimos quejando y buscando maneras de desprestigiar a los políticos y las autoridades.

De verdad considero que las marchas y los movimientos civiles llevan al cambio de consciencia, pero también creo que es fácil caer en el exceso. ¿De qué sirve hacer marchas contra un candidato si se pueden hacer cosas mejores con el tiempo y la energía?

Mexicanos, levantémonos para apoyar al candidato que se acerca más a nuestros ideales y presionemos cuando el nuevo presidente llegue al poder para que cumpla sus promesas y reformule las arcaicas leyes y los viejos sistemas.

Hoy, tú, yo, todos tenemos el poder de decidir y de ejercer nuestro derecho a votar. No nos concentremos en el odio, sino en la construcción de un mejor país. Olvidemos los rencores y los sinsabores. Votemos y seamos vigilantes activos de nuestros gobernantes. Informémonos y votemos con la consciencia de que nosotros somos quienes decidimos y podemos ser un pueblo activo que se interesa por su país. No dejemos que este interés muera después de las elecciones. Infórmate, vota y se un vigilante del cambio por ti, por tu familia y por un mejor futuro.

Publicado en: letrafría

Matrimonio bicultural, la historia de un padre latino en USA

Recuerdo hace varios años, cuando Stephany y yo empezamos a salir juntos, que tuve la genial idea de prepararle una cena romántica. No recuerdo exactamente qué le preparé, probablemente un pollo en salsa de tomate (no soy muy buen cocinero, y por ese entonces todo lo que hacía llevaba salsa de tomate). Lo que sí recuerdo es que traté de que toda la cena fuera perfecta. Puse la música que sabía que a ella le gustaba, limpié mi departamento (vaya que me costó trabajo), y preparé la comida con una receta que mi madre me pasó. La verdad es que me quedó bastante bien. Claro, eso creía yo, porque tan pronto como Stephany comió el primer bocado su rostro se puso de todos los colores, empezó a tomar agua desesperadamente y creo que tardó dos semanas en que sus papilas volvieran a percibir sabores (y dos semanas más en volverme a hablar). Pero ¿cómo iba yo a saber que la salsa le iba a picar tanto? Tan sólo le puse un chilito habanero…
Desde entonces cada vez que cocino Stephany tiene un frasco de crema a su lado en caso de que la haya puesto sólo un “chilito” a la comida.Ésa es tan sólo una anédocta, como muchas otras que podría contarles. En los casi diez años que Stephany y yo nos conocemos creo que no fue hasta que ella estaba embarazada que en verdad empezamos a tener una conciencia tangible de cómo el tener dos culturas podría afectar a nuestra pequeña.

Quisiera contarles algunos de los acuerdos (tácitos o explícitos) a los que hemos llegado.

Can you pass me la sal?

Una pregunta que siempre nos hacen las personas es: “¿En qué idioma hablan entre ustedes, en español o en inglés?” La respuesta es que nos hablamos en ambos idiomas. Muchas veces (sobre todo cuando los dos estamos muy cansados) Stephany me habla en inglés y yo le contesto en español. Tratamos de evitar el uso del espanglish lo más posible, pero más veces de las que me gustaría reconocer terminamos mezclando ambos idiomas en una sola oración. Aún así creo que ambos idiomas están bastante integrados en nuestra vida. Mi inglés no es perfecto, pero me permite comunicarme con cierta facilidad y el español de Stephany es bastante bueno, así que no tiene ningún problema es escucharme o hablarme en español.

A nuestra hija Ana Sofía hemos decidido criarla biculturalmente. Tanto a Stephany como a mí nos interesa que nuestra pequeña bebé aprecie ambas culturas. Yo trato de hablarle en español todo el tiempo y Stephany le habla en inglés. Sabemos que hay consecuencias en esta técnica. La más común es que probablemente tarde un poco más en comenzar en hablar, pero con el tiempo la pequeña podrá hablar perfectamente en los dos idiomas. Para tratar de facilitar un poco la comunicación con Ana Sofía hemos empezado a utilizar lenguaje a señas, así que usamos una misma seña para “leche” y “milk”. Ana Sofía parece responder a las señas, o por lo menos se ve divertida cada vez que las hacemos.

“You people….”

Otra actitud que tenemos es la de respetar ambas culturas. Especialmente evitamos hacer bromas o comentarios como “Ustedes los americanos son muy escandalosos” o “Ustedes los mexicanos siempre están quejándose de todo”. Es mi opinión que este tipo de comentarios pueden a llegar a ser bastante ofensivos y refuerzan varios estereotipos negativos.

Además que al ridiculizar una cultura en cierta forma estamos ridiculizando a nuestra hija. La realidad es que tratar de escoger una sola cultura es prácticamente imposible. Después de vivir varios años en México, Stephany tiene ciertas actitudes más comunes en México que en EE.UU (como la de saludar a la gente que encuentra en la calle o decir “buen provecho” cuando entra o sale de un restaurante), y a mí me sucede algo similar (esto se los confieso solo a ustedes, pero si me dan a escoger entre tacos y hamburguesa escojo la segunda). Llevo ya casi seis años viviendo en este país, algunos han sido más placenteros que otros, pero no puedo negar que este país me ha influenciado en formas que me sería difícil identificar. Para bien o para mal, a fuerza de vivir en ambos países nos hemos vuelto una mezcla de ambas culturas y eso se verá reflejado en nuestra pequeña.

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