De las galletas de la suerte y otras lecciones del tercer piso por Elena Savalza

Comía en un restaurante japonés de la Ciudad de México, en mí más reciente visita, unos días antes de mi cumpleaños. Estaba sentada, nada más y nada menos que del lado izquierdo del “amorcito platónico” del que les conté hace algunas entradas. Entre bromas, kushiages, sushi y salsa de soya, contemplaba de perfil los preciosos ojos verdes que me siguen trayendo medio loca, por más esfuerzos que hago por no recordarlos y que me siguen arrancando la misma sonrisa estúpida al recordarlos mientras escucho su voz por teléfono, aunque sea sólo para checar avances en el único asunto en común que tenemos (hasta ahorita): el trabajo.

Al terminar de comer y pedir la cuenta, el Mesero nos acercó a todos (¡Ups! Casi lo olvido, pero además de nosotros había 3 comensales más en mi mesa) una galleta de la suerte. Todos abrimos nuestra galleta y uno a uno leyeron el mensaje que venía al interior. Mi sonrojo fue enorme al abrir mi galleta y sacar mi mensaje:

“No confundas tentación con oportunidad”

¡Vaya, vaya! ¡Ni siquiera lo leí en voz alta! ¿Comía a un lado de la “tentación”? ¿Tenía a mi lado una “oportunidad”? No lo sabía, pero sí sé que cuando leyó mi mensaje, taladró con su mirada la mía, sonrió de manera cínica y dobló el papelito para regresármelo de inmediato. Desde ese día, no he dejado de pensar en el mensaje que encerraba esa frase.

Siempre he creído que las oportunidades se presentan sólo a quienes son lo suficientemente receptivos para interpretar las señales que las acompañan. Muchas veces, el éxito en cualquier aspecto de la vida depende de la preparación, la disciplina y el esfuerzo constante que rendirán frutos justo en el momento correcto o en el “oportuno”, siempre que sepamos identificar cual es este. Pero… ¿y las tentaciones? Supongo que esas siempre están allí, intentando distraer nuestra atención y desviarnos del camino trazado hacia nuestras metas. A lo mejor ni siquiera es tan malo caer en ellas, porque estoy segura de que siempre significarán un aprendizaje. Seguramente nuestro camino sería más rápido sin estos obstáculos, sin embargo, no cambiaría por nada algunas tentaciones en las que he caído en mi vida. Sólo sé que ahora todo aquello, tentación u oportunidad, forma parte del camino escalado y aprendido durante los “3 pisos” que forman parte del almanaque de recuerdos y experiencias de mi vida.

Y así, desde el balcón de mi “tercer piso”, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones con las que inicio mi nueva década:

Permite que te alcancen las cosas indicadas, dejando de perseguir las equivocadas. A veces nos aferramos tanto a las cosas que creemos correctas que la perseverancia se vuelve obstinación. En este tiempo he aprendido que es una habilidad absolutamente necesaria, casi vital, el aprender a soltar las riendas de vez en cuando. Sólo permitiendo que la naturaleza y la energía propia de la vida hagan su parte, es que lo bueno y lo necesario para nosotros podrá alcanzarnos. El resultado seguramente valdrá la pena.

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El amor después del amor, ¿es posible?

¿Cómo olvidarlo? ¿Cómo reparar un corazón roto? ¿Cómo volver a vivir después de un abandono?

Consejos para lograrlo.

Él te dejó. Tu mundo se derrumba. Te quieres morir. No puedes ni respirar, ni comer, ni dormir. No sabes qué hacer con tu vida, tan súbitamente cambiada. Eran dos, ahora eres una. Ya no puedes decir “nosotros”. Te imaginas muriendo sola y triste, pensando en él. No puedes creer lo que pasó. ¿Qué hacer para salir de un trance que parece peor que la muerte?

Sigue estos tips:

-No lo llames, no le ruegues, no le pidas explicaciones. Él ya decidió y no volverá por ti por más que le prometas de todo. Cuanto más llores peor es: no es sexy una mujer patéticamente desesperada. Tu tarea ahora es olvidarlo extirpándolo de tu corazón. Duele, pero sana.

-Gran parte de lo que parece amor es obsesión. Desobsesionate.

-Andá a terapia y cuentale todo a un aconsejador o tepapísta que te refuerce la autoestima.

-Armate un “grupo soporte” de amigos y amigas que te contengan cuando te sientas débil.

-Cuenta  toda la ruptura de punta a punta una y otra vez a cada amiga que te cruces, sin culpa de ser reiterativa o deprimente. Es tu tiempo de desahogo. Te toca ser escuchada y relatar todo mil veces hasta entenderlo… ¡Y asumirlo!

-No te quedes sola: programá los fines de semana con anticipación. Si nadie te invita, invitalos tú.

-Leé muchos libros de autoayuda, en especial “Mujeres que aman demasiado”, de Robin Norwood. Llená tu cama de esos libros para cuando no puedas dormir sola de noche.

-No mires comedias románticas, de parejas que se reconcilian, ni nada de eso. Te hacen creer que la vida es más simple de lo que es, y te refuerzan la esperanza de volver a estar en sus brazos.

-Realiza mucho ejercicio: bicicleta, caminatas a paso vivo, natación, ¡noches bailando hasta la madrugada!

-Realiza muchas cosas divertidas que te entretengan y que siempre te hayan gustado: remar, pintar, sacar fotos, escribir…

-Realiza cosas que te cansen: cocinar, limpiar u ordenar los armarios.

-Visita parientes y amigos con niños pequeños: son súper graciosos y viven el presente a full. Te harán olvidar tus penas y te conectarán con el aquí y ahora.

-Date los placeres que quisieras que un novio te dé: llevate al cine, comprate un helado, un vestido sexy y un regalo lindo. ¡Tratate como a una reina!

-Escribe cartas de despecho para él contando todo, todo, todo lo que quisieras decirle… Y guardalas. Eso sí, no se te ocurra enviarle ni una sola, es solo para sacarlo todo afuera.

-No dejes fotos de él a la vista ni escuches la música que escuchabas con él.

-No añores los rituales que tenían juntos: esas son solo costumbres que luego cambiarás por otras nuevas.

-No te encuentres con sus amigos y/o parientes que sólo alimentarán las nostalgias que tuviste por él.

-No te tortures pensando que está con otra. Quizás esté solo. Quizás con alguien que lo aburre y que no te llega ni a los talones.

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