Mis mujeres por Laura Zita

Patrioterías

Hace algunos años leí un artículo sobre las mujeres y sus relaciones con otras mujeres. Siempre se dice que las mujeres no nos llevamos bien entre nosotras, siempre he creído que es un paradigma totalmente falso y que esa misma creencia es la que crea conflictos entre nosotras.

Las personas más importantes de mi vida son mujeres: desde mis hermanas, mis hijas y mis queridas amigas. Gracias a ellas he crecido y aprendido muchas cosas que nunca podría compartir con los hombres. La relación es totalmente diferente.

desmotivaciones.mx_LAS-AMIGAS-son-aquellas-que-te-levantan-cuando-las-demas-ni-siquiera-saben-q-te-has-caido-_135000212874Es verdad que las mujeres de nuestra cultura están educadas para buscar marido y ven muchas veces a las otras féminas como posibles enemigas y competencia. Sin embargo, esas mismas mujeres son las que forman nuestra feminidad. Nuestras madres, tías, hermanas mayores que nos enseñan como ser mujeres.

Durante el tiempo que estuve en “Siempre nublado” me di cuenta de que allá las relaciones femeninas son totalmente diferentes. Ellas desde hace muchos años están viviendo una relación de igualdad con los hombres que es muy positiva por una parte porque defienden sus derechos y no se dejan sobajar por nadie. Sin embargo, han perdido gran parte de su lado femenino y así es como educan a sus hijas.

Me impresionó mucho sobre todo ver que había un cierto desprecio por ser femenina, lo cual se ve más como una debilidad que como una cualidad.

Cuando era más joven yo también consideraba que los hombres y las mujeres debíamos ser iguales, pero con los años fui reconciliándome con mi lado femenino y ahora sé que no lo somos. Debemos tener los mismos derechos y responsabilidades, pero sobre todo debemos respetar las diferencias.

Nosotras por naturaleza somos dadoras de vida y nuestros instintos nos llevan a hacer nido y ser tiernas  y cariñosas con los hijos. Ellos son más fuertes físicamente que nosotras, con sus debidas excepciones, y se enfocan mucho más a conseguir el dinero y son más firmes y estrictos en la educación. Ésta no es una regla de oro, pero si define varios de nuestros comportamientos.

Hace muchos años cuando las parejas contraían matrimonio muy jóvenes, las relaciones con las mujeres se centraban especialmente en la familia. Las abuelas, las madres, las hermanas mayores, las suegras, las primas eran las que ayudaban a la nueva mujer casada a tomar su nuevo rol, sobre todo cuando llegaban los hijos. Ahora no solo las familias son más pequeñas, sino también la gente se casa mucho más grande y en muchos casos no existe esta red de ayuda y amor.

Sin embargo, las mujeres pasan ahora más tiempo con compañeras de trabajo y amigas que aunque no forman parte de su familia se han vuelto una familia de elección, la cual no es menos importante.

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En mi caso, mis mujeres son una parte importantísima de mi vida que hacen mis días más agradables, contestan mis dudas, me acompañan en los momentos difíciles y festejan conmigo mis victorias.

Este regreso a México ha sido mucho más fácil gracias a ellas, aun cuando las vea poco o mucho siempre sé que puedo contar con ellas vía teléfonica, internet o con una deliciosa taza de café.

Así que quién piense que “las mujeres juntas ni difuntas” se está perdiendo de un maravilloso universo femenino lleno de colores suaves, palabras tiernas y momentos de mucha felicidad.

Feliz Día Internacional de la Mujer donde quiera que estén, ustedes saben bien quiénes son.

Un sueño dentro de otro sueño por Laura Zita

Patrioterías 

Un sueño dentro de otro sueño

Laura Zita

Me he vuelto ciega y sorda de nuevo a lo que pasa en mi país. Igual que antes de mudarnos a Francia. Estar dentro de México persiguiendo la chuleta, sin radio, lejos del periódico local de mi estado que solo tiene nota roja o clasificados y con una intención clara de no ver televisión, me hace sentir totalmente lejana y ajena a lo que sucede en mi país.

Sé que debe sonar extraño, pero cuando sales de México es justo cuando te das cuenta de todo lo que pasa dentro. Ahí es cuando tienes el tiempo para reflexionar, para leer las noticias, para extrañar y para apreciar.

Cuando tienes que trabajar más de 10 horas diarias es imposible ponerte a filosofar sobre tu vida y mucho menos la de tu país. Cuando tienes varios niños que alimentar y una casa que atender tampoco tienes mucho tiempo para preguntarte si eso o aquello está bien. Solo sabes que tienes que trabajar más y más duro porque todo cada día es más y más caro. Solo sabes que terminada la jornada de trabajo tienes que descansar para poder rendir al otro día y que cada minuto de sueño es tan preciado como el oro.

Todos los días tengo una pequeña plática con el taxista en turno que nos lleva a Emma y a mí al trabajo. Hablamos de todo un poco, pero sobretodo aprovecho para decir lo que ni mi familia, ni mis amigos quieren escuchar: estoy muy triste de haber regresado. Me siento ni de aquí ni de allá.

También aprovecho para llorar y tomar decisiones sobre mi nueva vida. Pregunto por los precios, los trabajos y trato de ponerme al día después de haber estado lejos casi dos años. Me siento en una realidad alterna y a veces siento que voy a despertar en cualquier momento en mi cama. No se cuál cama, si la cama que compartía con mi esposo en Francia o la cama que tenía antes de todo este viaje.

Mis amigos, los taxistas, me cuentan la historia de sus vidas, me dan ánimos y consejos para sobrevivir tanto el regreso a México como el rompimiento de mi matrimonio. No estoy aún lista para hablar de ésto con mi familia y amigos. Sigo pensando que si no lo hablo, no será definitivo y me hundo en el trabajo y me niego a quedarme quieta para que no me pegue la tristeza.

Las mañana son las más duras. Despierto como en otro sueño, donde no tengo ni una casa, ni un coche. Donde está mi familia y amigos, pero no tengo un hogar.

Sé que apenas va un mes, pero sigo sin entender muchas cosas, como: el dinero. No comprendo como los sueldos son tan pequeños y los artículos tan caros. No entiendo tampoco como la gente se acostumbra al tráfico y al constante ruido.

Sin embargo, es maravilloso ver como sale el sol. Sentir su calorcito sobre la piel y ver que la gente anda animada por las calles. Me encantan las voces alegres y las sonrisas que la gente te regala aun cuando ni te conoce. Creo que eso es lo que más me gusta de México.

También he visto como mi bebé está floreciendo rápidamente y se vuelve cada día más abierta y sociable. El clima, la familia y el calor humano la han hecho que se abra como una florecita y que hasta le salgan tres dientes. La más feliz en este cambio ha sido la bebé que está fascinada con la atención de todo el mundo y se siente contenta y confiada.

Unas por otras, me repito todos los días. Mientras pienso que si la vida te da limones, pidas sal y tequila.