La Flor de Cempazúchitl o la Flor de Muertos

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En náhuatl, su nombre significa flor de veinte flores, ya que tiene tantos pétalos que es difícil creer que se trate de una sola flor. En la tradición mexicana, su historia data de muchos años antes de la conquista de Tenochtitlan, pero su valor simbólico no ha sido siempre el mismo.

Es originaria de los estados del centro del país y desde tiempos inmemoriales surgió como una planta silvestre –y aún crece de esa forma en muchos campos- pero muy pronto comenzó a ser cultivada y tuvo una gran importancia en diferentes aspectos de la vida de los pueblos prehispánicos. Fue valorada por sus propiedades curativas, se incorporó a la dieta y tuvo un gran valor simbólico y ritual, especialmente porque estaba relacionada con el dios Hutzilopochtli, el más importante en la cultura mexica. Durante las fiestas de esta deidad, el templo se cubría de flores de Cempazúchitl y se hacían guirnaldas de esta flor para adornar las casas y las calles.

Cuando tuvo lugar la conquista espiritual y los indígenas se convirtieron al cristianismo, ésta sería una de las muchas celebraciones que tuvieron influencia en las festividades católicas. Hoy, en la fiesta de Día de Muertos, que los conquistadores trajeron como la fiesta de Todos los Santos, la flor de Cempazúchitl es una protagonista indiscutible. Los altares, los campos, los cementerios y las calles están salpicados de su tono color naranja y de su aroma tan particular.

Lápida con muchas Flores

Puesto que es tan utilizada en ésta fecha, se le conoce también como flor de muertos. Con ella se suelen hacer caminos de pétalos, que guían a las almas hacia las ofrendas, ya que la tradición dice que el olfato es el único sentido que sigue existiendo en el otro mundo.

Sepultura muy sencilla adornada con Flores de Cempazúchitl y cariño

Y este uso tradicional en las ofrendas es sin duda el más difundido en el México actual, sin embargo, la flor de Cempazúchitl tiene muchos otros beneficios. Por ejemplo, la medicina tradicional asegura que es excelente para solucionar problemas digestivos,  para eliminar los cólicos estomacales y los parásitos del intestino. Por supuesto, también forma parte de curaciones rituales, como son las del mal de ojo o el espanto.

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Pan de muerto: historia de azúcar y sangre

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El pan de muerto, que es para los mexicanos un verdadero placer, tiene su origen en la época de la Conquista, inspirado por rituales prehispánicos, y hoy en día es uno de los componentes más importantes de las ofrendas dedicadas a los Fieles Difuntos.

Las poblaciones mexicanas especialmente del centro y sur del país han tenido un gusto particular por ese pan de fiesta, pan dedicado a los difuntos que regresan a reencontrarse con sus familias el 1 y 2 de noviembre, de acuerdo con la tradición de “Día de Muertos” que se ha heredado de generación a generación desde hace varios siglos.

El gusto por la elaboración de un pan especial para el caso se remonta a la época de los sacrificios humanos y a la llegada de los españoles a la entonces Nueva España (ahora México), en 1519. Cuentan que era un ritual, en el México de antes de la conquista, que una princesa fuera ofrecida a los dioses, su corazón aún latiendo se introducía en una olla con amaranto y después quién encabezaba el rito mordía el corazón en señal de agradecimiento a un dios.

Los españoles rechazaron ese tipo de sacrificios y elaboraban un pan de trigo en forma de corazón bañado en azúcar pintada de rojo, simulando la sangre de la doncella. Así surgió el pan de muerto. José Luis Curiel Monteagudo, en su libro “Azucarados Afanes, Dulces y Panes”, comenta: “Comer muertos es para el mexicano un verdadero placer, se considera la antropofagia de pan y azúcar. El fenómeno se asimila con respeto e ironía, se desafía a la muerte, se burlan de ella comiéndola”.

Otros historiadores han revelado, que el nacimiento de ese pan se basa en un rito, que hacían los primeros pobladores de Mesoamérica a los muertos, en el cual los enterraban con sus pertenencias. En el libro “De Nuestras Tradiciones” se narra la elaboración de un pan compuesto por semillas de amaranto molidas y tostadas, mezclado con la sangre de los sacrificios que se ofrecían en honor a Izcoxauhqui, Cuetzaltzin o Huehuetéotl.

También hacían un ídolo de Huitzilopochtli de “alegría”, al que después encajaban un pico y, a manera de sacrificio, le sacaban el corazón en forma simbólica, pues el pan de amaranto era el corazón de ídolo. Luego se repartían entre el pueblo algunos pedazos del pan para compartir la divinidad.

Se cree que de allí surgió el pan de muerto, el cual se fue modificando de diversas maneras hasta llegar al actual. El pan de muerto tiene un significado, el círculo que se encuentra en la parte superior del mismo es el cráneo, las canillas son los huesos y el sabor a azahar es por el recuerdo a los ya fallecidos.

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