Publicado en Cultura y arte, Laura Zita, Letra fría

Así es esto del abarrote por Laura Zita

Patrioterías

Así es esto del abarrote

por Laura Zita

Hace casi un año, comencé con mi revista digital “La Miscelánea” en un intento por no sentirme tan lejos de México cuando vivía en “Siempre nublado”.

Antes de ir a vivir a Francia, me sentía una persona muy independiente. No veía tanto a mi familia, tenía algunos grandes amigos, casi no recordaba ni los agravios del pasado ni me sentía atada a nada. Solo necesitaba a mi hija a un lado y todo mi mundo estaba completo.

Nunca pensé realmente que ir a vivir a otro país fuera un reto tan grande. Seguía pensando que aquí y en China podría seguir siendo la misma persona, que solo era un asunto de ajustarse a nuevas costumbres y que la adaptación no sería tan dura. Me equivoqué…

Entonces busqué en internet otros mexicanos que también estuvieran viviendo esta experiencia extrema. Fue verdaderamente divertido leer sus historias, darme cuenta de que yo no era la única que sentía tanta nostalgia por todo. Es increíble como puedes extrañar hasta la tiendita de la esquina, la música del camión del gas y los olores del mercado, entre millones de cosas más.

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Ahí es cuando nació “La Miscelánea”.

La revista nació de todos los recuerdos, olores, colores y nostalgias que se sienten cuando estás lejos de tu tierra. Ahí es cuando recuerdas los bailables típicos de la primaria, los pajaros que te despiertan en la mañana y se mezclan con los gritos del vendedor de gas, el de tamales y en las noches con el pitido del carrito de camotes.

Siempre me han gustado las tienditas llenas de cosas. Las misceláneas que tienen de todo un poco. Cuando era niña, me encantaba ir a la tienda caminando sola. Era mi momento máximo de independencia. La tienda solo estaba a unos metros de mi casa, pero mi mamá ¡me dejaba ir sola!

imagesEra una clásica tiendita desordenada al ojo humano, pero en cuanto le pedías algo al dependiente lo sacaba en dos segundos como por arte de magia. En estas tienditas mágicas podías comprar de todo: desde comida, fruta fresca, refrescos, cigarros, trapos de cocina, detergentes, dulces, etc.

La tiendita de mi casa era verdaderamente especial, era una verdadero festín para los sentidos. Podías encontrar de todo, hasta lo que no pensabas que podías necesitar. La atendía la señora y el señor Gallego que tenía muchísimos hijos e hijas que se rolaban para ayudar a su mamá. Algunos por las mañanas y otros por las tardes. Se decía que los Gallego, una familia mitad española- mitad mexicana, habían ganado la lotería dos veces y con ese dinero habían comprado la tienda, toda la mercancía y enviado a sus hijos a la universidad. Era una familia muy alegre y muy guapa.

Así nació, “La Miscelánea”, un pequeño espacio de recuerdos, nostalgia que se volvió mi lugar especial donde podía esconderme en esos largos días fríos y nublados en los que sentía como la tristeza se volvía mi única compañía. Para mi, vivir en “Siempre nublado” no fue una experiencia exitosa, al contrario, sacó muchos de mis temores infantiles y me bloqueó. El impacto de la desilusión fue demasiado duro. Esperaba mucho y no supe como manejar la decepción y ajustarme a las nuevas condiciones.

Viajar, conocer, descubrir nuevos parajes es maravilloso. Vivir en otro país definitivamente te forja como adulto y hace que te conozcas más y descubras aspectos de tu personalidad que ni te imaginabas. También te tumba por días en la cama y hace que le llores por teléfono a tu mamá y extrañes hasta lo que más detestabas. La distancia también ayuda a sanar los malos recuerdos y a reconstruir nuevas memorias con un toque romántico. Todo parece divino cuando estamos lejos. Y nos llenamos la boca al platicar de nuestro gran país: México.

j'aime la franceSin embargo, hoy otra vez en la distancia puedo valorar que Francia es un país genial que tiene muchas cosas buenas, entre ellas mis hermosos suegros y mi cuñada que me acompañaron en este viaje y siguen estando ahí. Lejos en kilómetros, pero cerca en el corazón.

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Un sueño dentro de otro sueño por Laura Zita

Patrioterías 

Un sueño dentro de otro sueño

Laura Zita

Me he vuelto ciega y sorda de nuevo a lo que pasa en mi país. Igual que antes de mudarnos a Francia. Estar dentro de México persiguiendo la chuleta, sin radio, lejos del periódico local de mi estado que solo tiene nota roja o clasificados y con una intención clara de no ver televisión, me hace sentir totalmente lejana y ajena a lo que sucede en mi país.

Sé que debe sonar extraño, pero cuando sales de México es justo cuando te das cuenta de todo lo que pasa dentro. Ahí es cuando tienes el tiempo para reflexionar, para leer las noticias, para extrañar y para apreciar.

Cuando tienes que trabajar más de 10 horas diarias es imposible ponerte a filosofar sobre tu vida y mucho menos la de tu país. Cuando tienes varios niños que alimentar y una casa que atender tampoco tienes mucho tiempo para preguntarte si eso o aquello está bien. Solo sabes que tienes que trabajar más y más duro porque todo cada día es más y más caro. Solo sabes que terminada la jornada de trabajo tienes que descansar para poder rendir al otro día y que cada minuto de sueño es tan preciado como el oro.

Todos los días tengo una pequeña plática con el taxista en turno que nos lleva a Emma y a mí al trabajo. Hablamos de todo un poco, pero sobretodo aprovecho para decir lo que ni mi familia, ni mis amigos quieren escuchar: estoy muy triste de haber regresado. Me siento ni de aquí ni de allá.

También aprovecho para llorar y tomar decisiones sobre mi nueva vida. Pregunto por los precios, los trabajos y trato de ponerme al día después de haber estado lejos casi dos años. Me siento en una realidad alterna y a veces siento que voy a despertar en cualquier momento en mi cama. No se cuál cama, si la cama que compartía con mi esposo en Francia o la cama que tenía antes de todo este viaje.

Mis amigos, los taxistas, me cuentan la historia de sus vidas, me dan ánimos y consejos para sobrevivir tanto el regreso a México como el rompimiento de mi matrimonio. No estoy aún lista para hablar de ésto con mi familia y amigos. Sigo pensando que si no lo hablo, no será definitivo y me hundo en el trabajo y me niego a quedarme quieta para que no me pegue la tristeza.

Las mañana son las más duras. Despierto como en otro sueño, donde no tengo ni una casa, ni un coche. Donde está mi familia y amigos, pero no tengo un hogar.

Sé que apenas va un mes, pero sigo sin entender muchas cosas, como: el dinero. No comprendo como los sueldos son tan pequeños y los artículos tan caros. No entiendo tampoco como la gente se acostumbra al tráfico y al constante ruido.

Sin embargo, es maravilloso ver como sale el sol. Sentir su calorcito sobre la piel y ver que la gente anda animada por las calles. Me encantan las voces alegres y las sonrisas que la gente te regala aun cuando ni te conoce. Creo que eso es lo que más me gusta de México.

También he visto como mi bebé está floreciendo rápidamente y se vuelve cada día más abierta y sociable. El clima, la familia y el calor humano la han hecho que se abra como una florecita y que hasta le salgan tres dientes. La más feliz en este cambio ha sido la bebé que está fascinada con la atención de todo el mundo y se siente contenta y confiada.

Unas por otras, me repito todos los días. Mientras pienso que si la vida te da limones, pidas sal y tequila.