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Día de la Candelaria: origen, historia, fiesta y significado

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En México, la celebración por el Día de la Candelaria ha mezclado tradiciones tanto prehispánicas como europeas

Ciudad de México, México.- Las celebraciones religiosas en México tienen su referente en España. Es el caso de las celebraciones por el Día de la Candelaria. Si quieres sabes qué significa esta fiesta y por qué se celebra, toma nota.

Es oficialmente conocida como la Fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria o Fiesta de la Candelaria. Consiste en una fiesta popular celebrada por los cristianos, en honor de la Virgen de la Candelaria, que se apareció en Tenerife (Islas Canarias), al sur oeste de España, a principios del siglo XV.

Las celebraciones se realizan el 2 de febrero, Día de la Candelaria, aunque en algunos lugares se extiende durante varios días.

Su fiesta se celebra, según el calendario o santoral católico, el 2 de febrero en recuerdo al pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (Lc 2;22-39) y la purificación de la Virgen María después del parto, para cumplir la prescripción de la Ley del Antiguo Testamento (Lev 12;1-8).

EN MÉXICO Y LATINOAMÉRICA

En México, para el Día de la Candelaria se acostumbra que, quien obtuvo el niño oculto en la rosca de reyes, haga una fiesta (tradicionalmente basada en tamales y atole, ambos productos de maíz).

Esta tradición tiene raíces prehispánicas; en muchos pueblos los habitantes llevan a la iglesia mazorcas para que sean bendecidas a fin de sembrar sus granos en el ciclo agrícola que inicia, pues el 2 de febrero coincide con el undécimo día del primer mes del antiguo calendario azteca, cuando se celebraba a algunos dioses tlaloques, según fray Bernardino de Sahagún.

En el centro de México se acostumbra vestir al niño Dios del nacimiento navideño y llevarlo a oír misa, después de lo cual, es colocado en un nicho donde permanecerá el resto del año.

LOS PLATILLOS

Durante esta celebración se acostumbra comer tamales, alimento que data de la época precolombina y que forma parte de la dieta de los mexicanos.

Pueden servirse calientes y hay una gran cantidad de sabores: rajas con queso, verdes, mole con pollo o carne de puerco y dulce. Tradicionalmente se degustan con atole de distintos sabores o café.

La mayoría de los mexicanos come tamales durante el transcurso del año, pero el Día de la Candelaria representa una fecha especial para ello. Después de la misa de bendición del Niño Dios se retorna a casa para celebrar el acontecimiento con tamales y atole.

El fraile español Bernardino de Sahagún, en sus escritos, se refiere a la gran variedad de tamales que se podían encontrar en los mercados de aquel entonces y que, incluso, estaban presentes en los banquetes del emperador Moctezuma.

Esta comida tiene mucha influencia azteca. En aquel entonces los tamales los rellenaban con chile dulce, tomate y semillas de zapallo molidas, mezcladas a las carnes de faisanes, codornices y pavos.

Se preparaban con semillas de ayote o zapallo molidas, tomate, miel de abejas y caracoles. Para esto utilizaban carnes de xulo o perro mudo, tepezcuintle, chompipe y venado y los envolvían en hojas de plátano o maíz.

Tras la llegada de los españoles, se les agregaron ingredientes traídos de Europa: garbanzos, arroz, aceitunas, alcaparras, pasas y ciruelas, Por lo tanto, el tamal preparado en familia es una mezcla entre lo prehispanico y lo español. Sin embargo, hoy día se degustan regularmente ya sean solos o en torta (se utiliza el bolillo o el birote).

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El chavo del ocho, sin querer queriendo, se volvió un ícono latinoamericano de la televisión

Roberto Gómez Bolaños ‘Chespirito’ (1928-2014)

Esta increible historia puede decirse que empieza en 1968 cuando a Chespirito se le da la gran oportunidad de tener su propia secuencia en televisión debido a sus grandes éxitos como guionista en años anteriores. Así, TIM (Televisión Independiente de México) le ofrece un segmento de treinta minutos, en los cuales don Roberto Gomez crea dos secuencias memorables: “Los Supergenios de la Mesa Cuadrada” y “el Ciudadano Gómez” al lado de Rubén Aguirre, el reconocido actor Ramón Valdez y una jovencísima María Antonieta de las Nieves, que en esa época se desempeñada como locutora en off del canal. Ese fue el punto de partida pues la secuencia ganó tanto éxito que se le dio por fin un programa propio “Chespirito” en 1970.
Es justamente “Chespirito” la cuna televisiva de los dos grandes y más exitosos productos de la empresa que tomó por nombre Televisa, y que tal como sus ejecutivos lo reconocen, “El Chapulín Colorado” (1970) y “El Chavo del Ocho” (1971) fueron los programas que sirvieron de catapulta a todas las producciones mexicanas, ya que las televisoras extranjeras empezaron a interesarse más por los productos hechos en México.
Antes de realizar estas producciones, Don Roberto debía contar con un elenco capaz de escenificar impecablemente los magníficos guiones que escribía. Y la selección debía ser muy acertada. Ya contaba con Rubén Aguirre, con quien trabajaba desde sus épocas de guionista en “Cómicos y Canciones” y “El Estudio de Pedro Vargas”, con el inolvidable Ramón Valdez y la veinteañera María Antonieta de las Nieves, que jamás imaginó realizar una carrera actoral básicamente entregada a la comedia. A Carlos Villagrán lo conocería por intermedio de Aguirre, cuando lo vio hacer en su casa un sketch de ventrílocuo, donde Villagrán hacía de muñeco. A Bolaños le llamó la atención sus cachetes inflados, que serían el sello personal de “Quico”. A Florinda Meza, la conoció viéndola ensayar un monólogo para un programa donde participaba como actriz. Curiosamente éste llevaba el nombre de “La Media naranja”, nombre irónico sabiendo que contraerían matrimonio años después.
Edgar Vivar, médico de profesión, pero entregado a una carrera actoral, lo contactó a través de un amigo común de ambos. Don Roberto Gómez, al ver por primera vez a Vivar, lo tomó inmediatamente. La actriz española Angelines Fernández, y gran estrella del cine de oro mexicano, fue una de las últimas en ingresar al elenco. Y a pesar que su personaje fue invitado en las primeras temporadas, llegó a ser permanente. Llegaría después el hermano de Don Roberto, Horacio Gómez Bolaños, que se dedicaba inicialmente sólo al marketing y venta del programa, sin embargo un personaje le aguardaba y aunque al principio no lo tomó con mucho agrado, finalmente quedó para la posteridad su interpretación del relajado “Godinez”. Este elenco fue el fundador de todo el suceso latinoamericano y mundial que significara el Chavo del Ocho años después. 1971 es el año que los televidentes mexicanos ven por primera vez al Chavo, a Don Ramón, a la Chilindrina. Estos personajes de niños interpretados por adultos, calan hondo en el gusto popular y rápidamente se convierten en los preferidos del Canal 8 de México. La prensa mexicana también se empieza a interesar por la insólita sintonía en este canal de antena fría y dedica sus primeros reportajes y críticas a Chespirito y su elenco, que ya empezaba a saborear un poco del éxito que años después se acrecentaría a niveles insospechados.
En los primeros años de los setentas, luego del suceso de los personajes de Roberto Gómez Bolaños, se fusionan las dos cadenas mexicanas: TIM que producía las series de Chespirito y el Canal 2, el llamado de las Estrellas y que ya gozaba de un gran prestigio. Asi es como producto de esta fusión nace la mega empresa de telecomunicaciones mexicana, Televisa S.A. La situación para Don Roberto fue incierta por un momento ya que tenía la duda sobre qué iba a pasar con sus series tan exitosas del canal 8. Asi Emilio Azcárraga Milmo, el gerente general de la nueva Televisa le propone no solo continuar con la serie sino que tanto el Chavo como el Chapulín tendrían un espacio propio, es decir un programa independiente cada uno. Pero aún quedaba una duda: el nombre del espacio, ya que “El Chavo del Ocho” se llamaba así porque se emitía por el canal 8. Chespirito cuenta que Azcárraga le sugirió que continúe asi ya que se había identificado con ese nombre. Es asi que en 1973, comienzan las emisiones semanales de “El Chavo del Ocho” y “El Chapulín Colorado”, producidas por Televisa.
La serie “El Chavo del Ocho” rápidamente empieza a posicionarse en los primeros lugares del ranking de la televisión mexicana. Los actores empiezan asi a disfrutar del éxito. Y aunque a Roberto Gomez Bolaños le hubiese gustado que sea “El Chapulín Colorado” el personaje más exitoso, lo cierto es que fue “El Chavo” el que mantuvo pegado a la teleaudiencia, con impresionantes picos de sintonía de haste 60 puntos de rating televisivo. Los lunes a las 8 pm. eran sagrados para la mayoría, y tanto niños y adultos dejaban todo para sentarse en familia y disfrutar juntos las ocurrencias del niño del barril y compañia. Con el transcurso de los años los personajes se fueron acentando en sus características y ahi es donde empiezan a destacar algunos más que otros. No es secreto que el personaje de “Don Ramón y el personaje de “Quico” acaparan la atención de una gran mayoría de seguidores, por sus características particulares y por su gran desenvolvimiento en pantalla. Y la serie, se vuelve objeto de culto ya no solo por el televidente mexicano sino por el latinoamericano, el europeo, y hasta el africano. A mediados de los setentas el Chavo del Ocho escapa de las pantallas para llegar a los hogares a través de diversos Souvenirs de la serie: muñecos, revistas, juguetes, disfraces, y mucho más. También la serie empieza a producir musicales y las canciones empiezan a llamar la atención tanto asi que también se empìezan a producir Material Discográfico con la música del Chavo del Ocho. Y las giras que realizaba la vecindad por diversos países y estados mexicanos constituían llenos totales.
Sin embargo todo el éxito que se veía por fuera no nos permitía observar los primeros roces entre Bolaños y Villagrán. Se dijo mucho sobre el distanciamiento entre ambos y se tejieron muchos rumores sobre su rivalidad detrás de cámaras. Los más recordados fueron la disputa por el amor de Florinda Meza y que Quico empezó a tener mayor atención que el mismo Chavo. La versión que se acepta es que Quico empezó a tener muchas propuestas fuera de la vecindad, hasta del mismo Azcárraga, pero que Villagrán rechazó porque no deseaba que sea supervisado por Chespirito, tal como se lo sugirió el “tigre” Azcárraga. Es así que es vetado de Televisa por el dueño y se aleja de la Vecindad. Los problemas con Bolaños se inician cuando Villagrán desea seguir usando el personaje de Quico, y Chespirito le comunica que no lo puede hacer porque los derechos son de él. Ese iba a ser solo el inicio de muchos años de disputas legales entre ambos virtuosos de la comedia. Finalmente en diciembre de 1978, la fogata en las arenas de Acapulco sería la última escena de “Quico” como parte de la vecindad del Chavo. Triste ironía del destino porque precisamente el Chavo canta en aquel ocaso de sol, el tema “Buenas Noches Vecindad” en el que dice “..hasta pronto compañero, otra vez regresarán los momentos placenteros para compartir el pan. Decir adiós sería tonto, un hasta pronto sólo será”.
1979 fue un año que la serie tuvo cambios bastante drásticos ante la ausencia de un miembro del elenco clave como lo era “Quico”. Bolaños nunca pensó en otro actor para personificar al niño de los cachetes porque sabía que Villagrán con su interpretación sería ireemplazable. Asi los libretos variaron con la entrada de la Popis en un desempeño más estelar y Ñoño, que tuvo mucha más participación en los episodios de la serie. Doña Florinda tuvo durante los primeros capitulos una participación bastante opaca, nunca se supo si fue por cuestiones del libreto, pero si se fijan bien se ve al personaje más apagado, como si viviera un tiempo de depresión producto del alejamiento de su hijo “que fue a vivir a casa de su tía la rica”. La serie mantuvo el interés de la audiencia a pesar de todo, pero no pasó mucho tiempo antes que el elenco sufriera otra ausencia importantísima. Ramón Valdez, el recordado “Don Ramón” renunciaba a la serie debido a un jugoso contrato en Venezuela para trabajar en un programa de comedia al lado de Carlos Villagrán. Asi es el memorable capitulo de “Peluchín” el testigo de la despedida de Ramón Valdez de la serie. Fue exactamente un lunes 12 de marzo de 1979.
Ante la ausencia de Ramón Valdez y Carlos Villagrán, ingresan por la puerta grande dos nuevos personajes: Doña Nieves, la abuela de Don Ramón -que ya había aparecido anteriormente en el capítulo del album de fotos- y Jaimito el Cartero, que empezó con pequeñas apariciones hasta ser un personaje estable y tener su propio apartamento en la vecindad. Doña Nieves fue interpretada por Maria Antonieta de las Nieves quien se luce con doble papel y Jaimito el Cartero, encarnado por Raul “Chato” Padilla, que también ingresa como parte del elenco oficial de Chespirito a partir de ese año. 1979 sin embargo, sería el ultimo año del Chavo del Ocho como programa independiente, porque a partir de 1980 Televisa establece una nueva politica para su “Canal de las Estrellas” en la que desplaza a toda la programación de comedia dejando todo el espacio para las telenovelas que empezaban a significar ingresos importantes para la empresa. Asi el Chavo culmina su exitosa trayectoria como programa independiente con el episodio de la lavadora de Doña Florinda.Dale click aquí para continuar leyendo la historia del chavo del 8
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La Flor de Cempazúchitl o la Flor de Muertos

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En náhuatl, su nombre significa flor de veinte flores, ya que tiene tantos pétalos que es difícil creer que se trate de una sola flor. En la tradición mexicana, su historia data de muchos años antes de la conquista de Tenochtitlan, pero su valor simbólico no ha sido siempre el mismo.

Es originaria de los estados del centro del país y desde tiempos inmemoriales surgió como una planta silvestre –y aún crece de esa forma en muchos campos- pero muy pronto comenzó a ser cultivada y tuvo una gran importancia en diferentes aspectos de la vida de los pueblos prehispánicos. Fue valorada por sus propiedades curativas, se incorporó a la dieta y tuvo un gran valor simbólico y ritual, especialmente porque estaba relacionada con el dios Hutzilopochtli, el más importante en la cultura mexica. Durante las fiestas de esta deidad, el templo se cubría de flores de Cempazúchitl y se hacían guirnaldas de esta flor para adornar las casas y las calles.

Cuando tuvo lugar la conquista espiritual y los indígenas se convirtieron al cristianismo, ésta sería una de las muchas celebraciones que tuvieron influencia en las festividades católicas. Hoy, en la fiesta de Día de Muertos, que los conquistadores trajeron como la fiesta de Todos los Santos, la flor de Cempazúchitl es una protagonista indiscutible. Los altares, los campos, los cementerios y las calles están salpicados de su tono color naranja y de su aroma tan particular.

Lápida con muchas Flores

Puesto que es tan utilizada en ésta fecha, se le conoce también como flor de muertos. Con ella se suelen hacer caminos de pétalos, que guían a las almas hacia las ofrendas, ya que la tradición dice que el olfato es el único sentido que sigue existiendo en el otro mundo.

Sepultura muy sencilla adornada con Flores de Cempazúchitl y cariño

Y este uso tradicional en las ofrendas es sin duda el más difundido en el México actual, sin embargo, la flor de Cempazúchitl tiene muchos otros beneficios. Por ejemplo, la medicina tradicional asegura que es excelente para solucionar problemas digestivos,  para eliminar los cólicos estomacales y los parásitos del intestino. Por supuesto, también forma parte de curaciones rituales, como son las del mal de ojo o el espanto.

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¿Cómo hacer un altar de muertos?

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El Altar de Muertos es un elemento fundamental en el conjunto de  tradiciones mexicanas de día de muertos, que consiste en instalar altares domésticos en honor de los muertos de la familia.

Para los mexicanos el Día de Muertos representa algo más que la veneración de sus difuntos, podría decirse que para ellos, a diferencia de otros latinoamericanos, este día es para celebrar, burlarse, jugar y convivir con la muerte.

Elementos

La representación de los tradicionales altares de muertos ha cambiado a través de los siglos desde la introducción católica en el México prehispánico. Se han incluido elementos simbólicos que no pertenecen a las culturas mesoamericanas, como imágenes religiosas católicas (rosarios, crucifijos e íconos sacros).

La estipulación de la festividad religiosa del Día de Todos los Santos se conjuga con el Día de Muertos, como un intento de erradicar esa festividad, considerada como sacrílega y pagana. En tiempos de la Conquista de México se intentó convertir al catolicismo a los pobladores de Mesoamérica, así borrar toda creencia y tradición que no fuese europea. La tradición “se resistió a morir” y poco a poco se le fueron incluyendo elementos de las culturas europeas, trascendentemente, la celebración fue trasladada a los principios de noviembre para que coincidiera con el Día de Todos los Santos.

Altar

La construcción y representación del altar de muertos varía según la idiosincrasia y elementos disponibles en una determinada región, así como de la cosmovisión de las diferentes culturas.

Niveles

La cantidad de niveles en un altar de muertos varía en algunas regiones. Los niveles en el altar de muertos representan la cosmovisión, regularmente representando el mundo material y el inmaterial o los cuatro elementos, en cada uno de ellos se colocan diferentes objetos simbólicos para la cultura, religión o para la persona a la que se le dedica el altar.

Altares de dos niveles: son una representación de la división del cielo y la tierra en el que se representan los frutos de la tierra y las bondades de los cielos como la lluvia.

Altares de tres niveles: representan el cielo, la tierra y el inframundo. Debido a la introducción de ideologías de las religiones europeas, ha cambiado su significado a dos posibles, pudiendo representar la tierra, el purgatorio y el reino de los cielos, o bien, los elementos de la Santísima Trinidad según la tradición católica.

Altares de siete niveles: son el tipo de altar más convencional, representan los siete niveles que debe atravesar el alma para poder llegar al descanso o paz espiritual.Según la práctica otomí, los siete escalones representan los siete pecados capitales. Se asocia el número siete con el número de destinos que , según la cultura azteca, existían para los diferentes tipos de muerte.

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