Mujerona por Elena Savalza

Hace unos meses, una Reportera de un medio local en Manzanillo, publicó en su muro de Facebook la noticia de que una importante funcionaria de una empresa había sido cesada de un puesto que desempeñó de manera muy decorosa, responsable y con éxito incuestionable, por los últimos 10 años. Personalmente, he tenido la oportunidad de conocerla a ella como el gran ser humano que es y puedo decir de manera honesta, que es una de las mujeres que más admiro en el ámbito laboral, además de considerarla mi amiga, por lo cual la noticia de su cese me impactó doblemente.


Sobre la fotografía que acompañaba la nota publicada por la Reportera, comenté que estaba segura de que a donde quiera que fuera le iría excelente, porque ella era una mujerona.  Horas más tarde, uno de los comentarios de otra persona (que no conozco) hizo referencia directa al mío, diciendo: “Elena Savalza ¿Dónde crees que ella quiera trabajar? ¿Dónde necesitan una mujerona?”. Mi respuesta rápida, al ver el comentario, fue decir: “las mujeronas como ella son necesarias en todas partes”.
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Matrimonio bicultural, la historia de un padre latino en USA

Recuerdo hace varios años, cuando Stephany y yo empezamos a salir juntos, que tuve la genial idea de prepararle una cena romántica. No recuerdo exactamente qué le preparé, probablemente un pollo en salsa de tomate (no soy muy buen cocinero, y por ese entonces todo lo que hacía llevaba salsa de tomate). Lo que sí recuerdo es que traté de que toda la cena fuera perfecta. Puse la música que sabía que a ella le gustaba, limpié mi departamento (vaya que me costó trabajo), y preparé la comida con una receta que mi madre me pasó. La verdad es que me quedó bastante bien. Claro, eso creía yo, porque tan pronto como Stephany comió el primer bocado su rostro se puso de todos los colores, empezó a tomar agua desesperadamente y creo que tardó dos semanas en que sus papilas volvieran a percibir sabores (y dos semanas más en volverme a hablar). Pero ¿cómo iba yo a saber que la salsa le iba a picar tanto? Tan sólo le puse un chilito habanero…
Desde entonces cada vez que cocino Stephany tiene un frasco de crema a su lado en caso de que la haya puesto sólo un “chilito” a la comida.Ésa es tan sólo una anédocta, como muchas otras que podría contarles. En los casi diez años que Stephany y yo nos conocemos creo que no fue hasta que ella estaba embarazada que en verdad empezamos a tener una conciencia tangible de cómo el tener dos culturas podría afectar a nuestra pequeña.

Quisiera contarles algunos de los acuerdos (tácitos o explícitos) a los que hemos llegado.

Can you pass me la sal?

Una pregunta que siempre nos hacen las personas es: “¿En qué idioma hablan entre ustedes, en español o en inglés?” La respuesta es que nos hablamos en ambos idiomas. Muchas veces (sobre todo cuando los dos estamos muy cansados) Stephany me habla en inglés y yo le contesto en español. Tratamos de evitar el uso del espanglish lo más posible, pero más veces de las que me gustaría reconocer terminamos mezclando ambos idiomas en una sola oración. Aún así creo que ambos idiomas están bastante integrados en nuestra vida. Mi inglés no es perfecto, pero me permite comunicarme con cierta facilidad y el español de Stephany es bastante bueno, así que no tiene ningún problema es escucharme o hablarme en español.

A nuestra hija Ana Sofía hemos decidido criarla biculturalmente. Tanto a Stephany como a mí nos interesa que nuestra pequeña bebé aprecie ambas culturas. Yo trato de hablarle en español todo el tiempo y Stephany le habla en inglés. Sabemos que hay consecuencias en esta técnica. La más común es que probablemente tarde un poco más en comenzar en hablar, pero con el tiempo la pequeña podrá hablar perfectamente en los dos idiomas. Para tratar de facilitar un poco la comunicación con Ana Sofía hemos empezado a utilizar lenguaje a señas, así que usamos una misma seña para “leche” y “milk”. Ana Sofía parece responder a las señas, o por lo menos se ve divertida cada vez que las hacemos.

“You people….”

Otra actitud que tenemos es la de respetar ambas culturas. Especialmente evitamos hacer bromas o comentarios como “Ustedes los americanos son muy escandalosos” o “Ustedes los mexicanos siempre están quejándose de todo”. Es mi opinión que este tipo de comentarios pueden a llegar a ser bastante ofensivos y refuerzan varios estereotipos negativos.

Además que al ridiculizar una cultura en cierta forma estamos ridiculizando a nuestra hija. La realidad es que tratar de escoger una sola cultura es prácticamente imposible. Después de vivir varios años en México, Stephany tiene ciertas actitudes más comunes en México que en EE.UU (como la de saludar a la gente que encuentra en la calle o decir “buen provecho” cuando entra o sale de un restaurante), y a mí me sucede algo similar (esto se los confieso solo a ustedes, pero si me dan a escoger entre tacos y hamburguesa escojo la segunda). Llevo ya casi seis años viviendo en este país, algunos han sido más placenteros que otros, pero no puedo negar que este país me ha influenciado en formas que me sería difícil identificar. Para bien o para mal, a fuerza de vivir en ambos países nos hemos vuelto una mezcla de ambas culturas y eso se verá reflejado en nuestra pequeña.

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