Primer paso para sobrevivir en París: sonría

por Elizabeth / Todo París

Cuando llegas a París de vacaciones o para vivir, te darás cuenta de que todo lo que has escuchado antes sobre la llamada “ciudad luz” es un mero cliché y todo lleno de falsos prejuicios. La verdad asomará por ella misma. Ya verá usted. Y hay que saber que hay tres tipos de París: el París del turista, el París del que viene a vivir por razones personales de cualquier índole y aquel del que viene a estudiar.

Sea feliz en París

Los tres parecerían tan lejanos como ir del cielo al infierno. El París del estudiante es siempre el más cool, el más divertido y también el que permite tener una adaptación más rápida en esta ciudad. Al estar rodeado de compañeros que viven las mismas vicisitudes en el día a día, al intentar todos comenzar de cero y compartir más o menos los mismos intereses (de inicio, la carrera o estudio que veniste a hacer).

No olvide esa regla: sonría

El París del turista encaja plenamente en el cliché de la ciudad que todos vimos en las películas o la imagen romántica y etérea que de ésta se tiene. Sin embargo, no siempre es así. El turista en París siempre se encuentra perdido, buscando, preguntando, intentando hacer de esta ciudad aún un cliché más grande. Hay quienes tienen buenas y malas experiencias.

El turista se siente perdido a la hora de ir a los restaurantes, después de darse cuenta de que los meseros no son los más amables del mundo (y de eso, incluso los parisinos se quejan. Ya dedicaré un post a los meseros parisinos) y de que en calidad de turistas en muchos lugares no son muy bien recibidos. Sin embargo, como diría mi abuelita, hay que encontrarle el modo a París. Sonría.

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“No estoy” y otros poemas por Kirahl Nayyar

NO ESTOY

He cerrado la puerta

a todos los de este mundo;

a todos los que caminan dormidos

sin saber que son sonámbulos.

A todos los que mienten,

a todos los que no viven.

A todos los que no saben sonreír

ya los que ignoran las lágrimas.

Me despedí de ellos,

de todos esos cobardes;

aquellos que llaman inmortales

pero que mueren diariamente.

He cerrado mi alma

a todos los indolentes,

a todos los que se creen jueces,

a todos los que se creen dioses.

He cerrado el corazón

a todos los derrotados

en la batalla contra el señor Ego,

y en el combate contra sus monstruos.

Me alejo para siempre,

para mí son invisibles.

Son sólo prisioneros de su mente

y su falsa sabiduría.

He cerrado mis ojos

a todos los que corrompen,

a aquellos que detestan la pureza,

a los que odian la verdad.

He cerrado mis brazos

a los abrazos vacíos,

mis oídos a las palabras huecas,

también a los falsos halagos.

He cerrado mi mundo,

es solamente para mí.

No caminaré más junto a fantasmas,

ni junto a marionetas sordas.

He cerrado mi boca,

he callado hasta mi mente.

Hoy me mudo de su prisión inmunda.

Hoy no estaré para nadie más…

VISITAS

Ayer, me visitó una sonrisa;

cálidamente me acarició…

Me besaba tiernamente,

se acomodaba en mis labios.

Me desperté para soñar

con el mañana que no existe,

con mis deseos atrapados

en la jaula de lo incierto.

Ayer, me visitó la esperanza;

me acarició cual tierna madre,

me susurraba poemas,

me acomodaba en sus brazos.

Me levanté para observar

los cuerpos sin alma, tan huecos,

ataviados de amargura

disfrazando su miseria.

Ayer, me visitó la mentira,

profanando todo lo puro,

vistiéndome de rencores

y humedeciendo mis ojos.

Me acurruqué para llorar

abrazando los sueños rotos,

con el alma moribunda,

herida, triste y vacía.

Hoy, me visitaron tus ojos,

sacudiendo toda mi alma,

exorcizando demonios,

intalándose por siempre.

Me preparo para soñar,

para cerrar la vieja puerta.

Las visitas se han ido ya;

nuestro viaje aún no empieza…

DESPEDIDA

Abre tus ojos y mírala,

tan pálida y temblorosa.

Abre tus manos y tócale,

su cuerpo está aún respirando.

Toma su mano y cuéntale,

de aquellos ojos profundos,

esos que rompen en llanto,

esos que temen mirarla.

Rosa su rostro y cántale,

la dulce canción de cuna,

esa que tanto escuchaba

en esas noches eternas.

Abre sus piernas y tócale,

hasta que explote en silencio,

con la inocencia y malicia

de aquellos juegos secretos.

Lame sus dedos y escúchale,

te grita tanto y no oyes;

te dice tanto y no entiendes:

te implora tanto y la ignoras.

Sopla la vela y siéntate

frente a ese vidrio empañado,

frente al muñeco sin rostro

con el que charlas de noche.

Rompe el vestido y desnúdale,

seca el sudor de su frente.

Dile que ya nada duele,

dile un adiós para siempre…